En algún punto del post anterior sobre Maya Angelou, hacía referencia a mi imposibilidad para hacer frente a los vaivenes de la vida. A lo largo de mi trayectoria personal y profesional, algunos de estos terremotos me han traído sorpresas, me han servido de motor cuando ya no podía arrancar. Otros me han sumido en un largo sopor del que me ha costado levantarme. Ya se sabe que, cuando un terremoto se acerca, lo mejor es hacerse bola al lado de un muro de carga. El miedo, la mayoría de las veces, es el motor que mueve mi mundo, y no debería. Porque luego toca buscar entre los escombros.
Admiro a la gente que tiene una pasión, una gran pasión. Aquellas personas que cumplen la quimera de ser felices y estar satisfechas porque «aman lo que hacen». Es precioso, digno de admirar… inaccesible. Yo siempre he sido más bien de amar todo y no casarme con nada. Mi cabeza está repleta de islas independientes; y yo me siento como un pirata en busca de un trozo de tierra firme en el que desembarcar y echarse una siesta. Sin embargo, en la vida de todo pirata hay un tesoro… Solo que ninguna isla conocida hasta el momento me ha permitido encontrarlo. Y así se va dibujando una vida a la deriva, flotando en medio del océano. Sin timón ni timonel, que cantaría aquel.
A veces creo que la culpa es mía y otras, de los libros de autoayuda. Yo amo la vida, a mis amigos, una copa de vino o una cerveza bien fría, un billete de ida y vuelta, una peli a oscuras, una temporada sin empezar, un paseo por el campo, un viaje en bici, unas sábanas limpias, un horno encendido, una reserva en el restaurante, una piscina, una canción a oscuras, un libro tras otro, una isla tras otra. ¿Es requisito indispensable que deba amar lo que hago para ser feliz? ¿Y si no sé qué amar? ¿Y si no sé qué hacer? ¿Y si no existe profesión (digo amante) para mi? En ocasiones siento que ese afán por tener la vida perfecta, ese amar tu profesión, me ha llevado a una búsqueda que nunca va a tener un final. Porque nunca voy a encontrar el amor verdadero. Por eso vago de trabajo en trabajo, de proyecto en proyecto, de país en país.
De isla en isla.
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